La estructura bioclimática del desplifarro

Crónica

El macro proyecto de la Junta de Andalucía destinado a albergar la sede de la Agencia Andaluza de la Energía se une otros incompletos  del resto  España frutos del despilfarro, que ponen en evidencia el concepto de progreso y desarrollo que existe en la actualidad en nuestro país

A la pregunta de cuándo el famoso edificio bioclimático financiado por la Junta de Andalucía y destinado a albergar la sede central de la Agencia Andaluza de la Energía va por fin a abrir sus puertas, el jefe de comunicación de la Consejería de Economía, Innovación, Ciencia y Empleo, Héctor Jiménez, responde con un “no podría darle ninguna fecha exacta porque le estaría engañando de hecho no hay fecha concreta en el horizonte”

el vocero continua aclarando, esta vez con mucha más cautela, que las causas de su atraso se debe a impagos de la empresa adjudicataria con las subcontratas.

Lo cierto es que posiblemente nadie conoce esa fecha y lo único que podemos saber con relativa certeza es que su apertura, va a ser más tarde que pronto.

Larrea Arquitéctos

Proyecto Agencia Andaluza de la Energía

La empresa a la que se refería el jefe de comunicación de la Agencia Andaluza de la Energía es Gea 21, que en la actualidad se encuentra en concurso de acreedores voluntario pese a haber recibido en los últimos diez años  53 adjudicaciones de obras públicas por un total de 430 millones de euros por parte de ésta misma administración.

El macro proyecto arquitectónico ideado por la Junta de Andalucía bajo la dirección del presidente José Antonio Griñan  y diseñado por el madrileño estudio de arquitectura Ruiz-Larrea y Asociados bien podría unirse al resto de grandes obras públicas, cuya utilidad está aún por comprobar,  tales como el aeropuerto de Albacete que costó 7 millones de euros, el tranvía de Jaén cuya cifra se elevó a los 100 millones de euros o el más que mediático aeropuerto de Castellón cuyo diseño y posterior construcción alcanzó los 150 millones de euros (escultura de Juan Ripolles aparte). Todos ellos comparten el denominador común de ser auténticos estandartes del despilfarro, descontrol presupuestario y  endeudamiento soberano.

A lo largo de estos años las opacas y clientelistas administraciones locales, provinciales y autonómicas se han convertido en auténticas maquinarias de inversión pública pero en ningún momento rentable.  En el caso del futuro edificio de la Agencia Andaluza de la Energía se produce una situación paradójica; su estructura bioclimática, la mayor de todo el continente, está diseñada para ahorrar, en palabras del propio estudio de arquitectos, “ como una máquina u organismo energético capaz de intercambiar energía con su exterior ” ya que según ellos “su configuración porosa, sistemas de ventilación y placas fotovoltaicas permiten que éste se autoabastezca de un 75% de su consumo energético”  esto supone que justifica los hasta ahora 13 millones de euros invertidos, cifra que seguro que aumentará ya que como su responsable de comunicación explica  “aquello que se puede apreciar por fuera es lo único que se ha llegado a construir  con lo que quedaría aun todo el interior por completar”, lo curioso es que aun no habiéndose llegado a terminar la obra el cartel de ésta ya se ha retirado de la vista de los viandantes.
Posiblemente el responsable de comunicación dio con su medida aclaración en el clavo para explicar toda la tendencia social y casi de estilo de vida que ha imperado en España y que hoy por hoy sigue resistiéndose a desaparecer,  y no es otra que la visión cortoplacista  fruto de un Estado vanidoso y acomplejado que ha basado su concepto de crecimiento en un deseo por destacar sobre el resto de sus competidores, especialmente europeos y políticos, utilizado el dinero del contribuyente para financiar sus delirios de grandeza, siendo éstos segundos cómplices de esos delirios al asociar la idea de buena gestión con la de endeudamiento, la idea de un edificio con el de su simple fachada.

Sin embargo quizás lo verdaderamente peligroso es que toda esta situación no haya sido una cuestión de envidia pasajera, como la de los nuevos ricos, sino que lo que verdaderamente exista en el seno social sea una mentalidad de apariencias y que éstas macro estructuras simples bienes tangibles; los árboles, nos impidan ver nuestra equivocada filosofía de vida; el bosque.

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