Germanofobia S.XXI

 Opinión

La atribución de nuestros males a otros colectivos es una forma de satisfacción a corto plazo
La sociedad que de verdad es madura es aquella que posee una capacidad de reflexión colectiva

El protagonismo de Alemania como representante de las reformas adolf hitt encaminadas a salir de la crisis económica en la que están sumidos gran parte de los países del sur de Europa, está provocando la formación de agrupaciones y coaliciones políticas –con base populista- que desarrollan como punto de partida un discurso excluyente, antieuropeo y concretamente anti germano.

Desde el filo fascista Amanecer Dorado, griego, hasta el antisistema Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo, italiano, la Europa de los extremismos que se creía ya olvidada, ha vuelto para recordarnos que del S.XX no hace mucho.

La atribución de la cusas de nuestros males a otros colectivos en vez de admitir el fracaso de los nacionales, es una forma fácil y peligrosa de satisfacción e inútil a largo plazo ya que no se atacan a los verdaderos problemas estructurales de dicha sociedad lo que hace que esa situación se vuelva a dar tarde o temprano.

La sociedad que de verdad es madura es aquella que posee una capacidad colectiva de reflexión y es capaz de regenerarse desde dentro a través de la culpa y la crítica constructiva, sin caer en el derrotismo ni el paternalismo, bajo los principios de la colaboración e integración con otros pueblos.

Para ello resulta fundamental el papel de los poderes públicos, de los medios y de los partidos a la hora de no generalizar ni adoptar posturas extremas para así poder marginar a otros colectivos que sí lo hagan y que de esa manera se queden en eso; puntos de vista residuales pero no representativos del grueso de la población.

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2 comentarios en “Germanofobia S.XXI

  1. Es justo reconocer que, en la vida y, ciertamente, en la resolución de los problemas políticos y sociales, el primer lugar donde hay que mirar es en casa. Somos los españoles los primeros responsables de nuestra desgracia. Los ciudadanos, por abdicar durante tantos años de nuestra obligación cívica y de vigilar el sistema. Los politicos, las instituciones, destacados líderes financieros o empresariales. Los intelectuales y académicos. Etc.
    Pero no nos engañemos: Alemania sí que tiene, como país, una parte de responsabilidad en todo lo que está sucediendo en toda Europa (no nos miremos tanto el ombligo: no solo España está crisis. Lo estamos por igual todas las naciones periféricas del euro, e incluso de algunas centrales, comi Italia, Francia y Bélgica. O fuera de él, como Gran Bretaña. Luego buscar una explicación exclusivamente nacional a nuestros problemas no tiene visos de ser plenamente explicativa. Nuestras élites extractivas son nocivas, pero ni borrachas habrían sido capaces ellas solas de crear el enorme desaguisado en el que nos encontramos.
    Merkel y su Gobierno están en el poder por voluntad de sus ciudadanos, a quienes procuran representar. Y en septiembre se espera que repitan. Lo que opinen los disidentes es interesante, pero también poco relevante. Lo siento.
    Vivo en Alemania y mi trabajo me permite apreciar de forma directa lo que realmente quieren, sienten y buscan bastantes alemanes. Naturalmente, no conozco al 100% Pero ya he podido formarme una idea bastante aproximada. Y mi experiencia y mi reflexión me hacen ser pesimista.
    Alemania puede tener razón en algunos de sus planteamientos. Pero lo que a ella le interesa realmente no es que nosotros arreglemos nuestros problemas, sino prepararnos para que podamos ser convenientemente explotados por su maquinaria.
    De España los millones de alemanes que nos visitan solo buscan su propio ocio, sin que la mayoría tenga ningún interés ni curiosidad real por nosotros. Les somos un decorado. Un alemán me contó horrorizado cómo una playa levantina que visitó estaba llena de españoles… Una oportunidad de acercamiento de pueblos desaprovechada.
    He visto más de un hispanista caza-subvenciones despachándose a gusto contra nosotros a nuestras espaldas.
    También quieren de nosotros que les mandemos a nuestros jóvenes preparados. Se organizan en casi cada ciudad para autoconvencerse de que están ayudando a un país pobre. Son muy solidarios, pero lo que buscan es mano de obra cualificada para cubrir sus vacantes. Nada más. Cualquier intento de que ese evidente complementariedad pueda sistematizarse en un esquema más amplio y beneficioso para las partes se ocupan ellos de que no prospere. Y no crean mucho a los políticos cuando nos dicen aquí o allí, que han hecho algo en tal sentido. Los famosos 5000 puestos de formación de jóvenes que van der Leyden y Báñez firmaron el otro día, en realidad no son para españoles, sino para cualquiera.
    Alemania quiere que le compremos sus productos, vendamos nuestras empresas o nos mantengamos en su sistema político-económico, al que piadosa y engañosamente llaman Eurozona. Pero si los españoles quieren invertir o exportar en Alemania, ya se ocupan ellos de que sea difícil. Y de no abrir su sector servicios a la competencia.
    Los alemanes solo quieren cobrar los créditos de sus bancos a los de la periferia. A eso le llaman “rescates”, pero exigen garantía de Estado. Cuando no hay acreedores alemanes (Chipre), entonces vemos la saña con que tratan a la víctima. Si ahora se rumorea que España debiera pedir otro segundo rescate bancario es por eso. Sus créditos. Y quieren que los contribuyentes paguemos con nuestro sacrificio los créditos de sus bancos, que, al parecer, están libres de toda sospecha… Tal vez por eso no quieran de verdad la Unión Bancaria en los términos de seriedad y compromiso que se necesitarían para asegurar el futuro del euro. ¿Acaso no es evidente la jugada?
    Alemania quiere destruir los Estados nación europeos y reducir todo el territorio a regiones bajo el poder de Bruselas. Esto a alguno le podría resultar atractivo. Pero es porque no piensa que las naciones existen de verdad; incluso aunque los alemanes finjan que la suya no es tan relevante y que podrían disolverla en Europa. La nueva Bundesrepublik Europa que proponen, estaría en realidad bajo el control económico y político de alemanes, aprovechando su influencia y su número. Un Imperio por la puerta de atrás. Y esto me lo han dicho sin ambajes políticos de ambos lados en conversaciones informales. ¿Quién manda en Bruselas y en Frankfurt? ¿O en el Parlamento Europeo?
    Y Alemania, los alemanes, el pueblo alemán, sobre todo, nos mira muy por encima del hombro a todos los meridionales, españoles incluidos. Más, mucho más de lo que algunos se atreven a pensar, está extendida la idea de que todos nosotros somos una suerte de curiosos “Untermenschen”. NO: no nos van a exterminar. El horror nazi ya pasó. Pero lo que lo hizo posible no: se llama cultura alemana…
    Por todo ello, y lamentando mi extensión, me pregunto: ¿cómo puede haber de verdad españoles, o periféricos, que quieran estrechar lazos con y ponerse bajo la batuta de un pueblo y unos dirigentes como éstos, que no tienen la más mínima empatía ni comprensión por nuestros legítimos intereses?
    Salgamos de esta crisis lo mejor que podamos. Pero, por favor, en cuanto nos sea posible, alejémonos de Alemania por todos los medios posibles. ¿España unida a otros pueblos? Rotundamente sí. Pero bajo Alemania, ¡nunca!

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